Historia de la ciudad

Segobriga se sitúa sobre el cerro de Cabeza del Griego en el término municipal de Saelices (Cuenca) y alcanza los 857 metros de altura sobre el nivel del mar. Por el sur atraviesa el río Gigüela, afluente del Guadiana, que le sirve de foso natural. Este emplazamiento elevado, cuya superficie es de 10,5 hectáreas, constituyó en la antigüedad un importante punto estratégico de la Meseta Oriental y cruce de las vías procedentes del valle del Guadalquivir, de Mérida y Toledo, en dirección a Valencia y Cartagena. Inicialmente sería un castro celtibérico.

Tras la conquista romana, Segobriga se convirtió en una ciudad estipendiaria, nombrada por primera vez por Estrabón (Str. III.4.13) en el marco del conflicto sertoriano a principios del siglo I a. C. Poco después pasó a controlar un amplio territorio como capital de toda esta parte de la Meseta, cuando Plinio la consideró caput Celtiberiae o inicio de la Celtiberia.

Acuñó moneda de bronce desde mediados del siglo I antes de nuestra era. La imagen de los emperadores Augusto, Tiberio y Caligula aparecía en el anverso, mientras que en el reverso se hizo popular una corona de roble que rodeaba el nombre de la ciudad.

La ciudad fue el centro del control económico y de comercialización de las minas de lapis specularis o yeso traslúcido, lo que permitió su auge económico y su monumentalización a partir de época de Augusto.

Poco antes del cambio de era, dejó de ser una ciudad que pagaba tributo a Roma para convertirse en municipio o población de ciudadanos romanos. Augusto elevó a Segobriga a municipium en su viaje a Hispania del 15 a. C.

Comenzó entonces un ambicioso programa de construcciones monumentales, entre ellas el foro, que concluyó en las últimas décadas del siglo I d. C. con la conclusión de las obras del teatro, anfiteatro, aula basilical y termas monumentales.

En la segunda mitad del siglo II d. C., la ciudad aún llevó a cabo la construcción de una nueva obra pública, un circo, en la que, tal vez, participó activamente el procurador minero, de origen griego, y de nombre C. Iulius Silvanus Melanio que tuvo casa en la ciudad  junto a las termas monumentales entre los años 198 y 211.

La ocupación de Segobriga continuó durante los siglos IV y V aunque transformado ya el concepto clásico de la ciudad, con una sociedad instalada sobre los edificios públicos altoimperiales abandonados y usados como cantera de materiales de construcción. El proceso de cristianización experimentado en este momento se manifiesta en Segobriga en la construcción de una gran basílica martirial al norte de la ciudad, edificio que hoy conocemos como la basílica visigoda. Entre los siglos VI y VII era todavía una ciudad importante como atestigua su carácter de sede episcopal con obispos que acudieron a los concilios de Toledo entre los años 589 y el 693 d. C.

A lo largo de época islámica irá perdiendo paulatinamente importancia hasta convertirse en un centro rural dependiente de Uclés.

En 1228 la antigua Segobriga, denominada ahora Cabeza de Griego, estaba aún habitada pues de esa fecha se conserva un documento que recoge la donación de parte del cerro a la Orden de Santiago.

Desde  entonces prosiguió su paulatina despoblación, hasta que únicamente quedó la pequeña ermita construida sobre las antiguas termas monumentales, último testimonio de la antigua ciudad conservado hasta la actualidad.

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Diputación Provincial de Cuenca